Intermitente

Llueve. Las gotas resbalan por el cristal de la ventana sin ser conscientes de que pronto dejarán de hacerlo. Saldrá el sol para simplemente cubrirse con las nubes en algún momento y volver al lugar de origen.

Todo desaparece, todo vuelve, y tal vez no sea igual, pero si un recuerdo, una sombra que se parece demasiado a lo que antes había.

Los rótulos de neón se reflejan en la calzada mojada, desierta por las horas intempestivas a la que deambulo, encendiéndose y apagándose, ofreciendo productos que compraremos sin permitírnoslo.

Cada ciertos minutos, las luces de algún vehículo proyectan mi sombra en las paredes de los edificios que, a la mañana, volverán a despertar para volver a dormir en la noche.

Tal vez esa sea la ley que rige todo, una respiración intermitente que va guiando nuestro camino. Tal vez sea más fácil así, que todo lo que alguna vez acabe lo haga para volver a empezar. Pero ella no.

Saco su foto con recelo del bolsillo de mi americana para volver a mirarla. Hay cosas que no suceden más de una vez. Una copa de más. Coger el coche para un trayecto corto. Un semáforo fácil de pasar. Una chica que aparece de la nada. Una persona que mira una foto. Una lágrima que cae.

El primer rayo de sol aparece tras las montañas, como cada día, contando las horas para volver a ocultarse. Miro al mar, que rompe contra las rocas una y otra vez, como si intentara conseguir algo más. Entonces decido saltar al agua.

La monotonía desaparece cuando me sumerjo, nuevas sensaciones. Todo está frío pero me hace sentir a gusto, sentir como que flotas en un sitio que te abraza, como si siempre hubieras pertenecido a él. Abres los ojos y ves como las burbujas intentan buscar desesperadamente la superficie, un punto de equilibrio. Y la veo. Vuelve a mi, todo vuelve, el tiempo es cíclico. Me coge de la mano y consigue que todo vuelva al punto de partida, a cerrar los ojos de nuevo y a volver a esbozar una sonrisa, mientras las olas siguen rompiendo.

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